Antonio Núñez: El storytelling de Fuentes Quintana que salvó la crisis en 16 minutos

Este clásico discurso de la política española del vicepresidente Enrique Fuentes Quintana se está comentando mucho de nuevo en España. Las razones son la creencia generalizada de que el Gobierno del PP no ha sabido explicar la crisis económica a los ciudadanos mediante un relato coherente y un artículo sobre este discurso, publicado por el prestigioso periodista José Antonio Zarzalejos en el periódico español El Confidencial el 11.5.2013.

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Antonio Núñez: Un nuevo amanecer

Artículo publicado por ABC 11.1.09

Cualquiera que estos días intenta insuflar optimismo a sus compañeros de trabajo, votantes o familiares, es inmediatamente tachado de desinformado, iluso o incluso de irresponsable, como si el optimismo no fuera un salvavidas anti-crisis tan indispensable como el trabajo duro. “El 2009 será peor”, parece ser el consenso.

Vivimos ahogados en el cenagoso pesimismo de un relato de tipo apocalíptico. Según los mitólogos, esta clase de relato es recurrente a lo largo de la historia: aparece cada vez que barruntamos un cambio significativo en el sistema social. La caída del capitalismo tal y como lo veníamos entendiendo y la ausencia de una alternativa creíble parecen haber desatado todo el carácter sagrado, ejemplar y significativo del ancestral mito del fin del mundo. ¿Cómo evitar hundirse en su terror al abrir el periódico? ¿Cómo impedir que su eficaz trama de miedo nos succione, anidando en nuestros miedos propios? ¿Cómo encontrar templanza para no acabar hundiendo a los demás al intentar mantener nuestra motivación a flote?

Ni los más optimistas empresarios o políticos aciertan a articular el esperado relato de renovación. Los intentos están resultando poco creíbles, aún nos faltan las palabras y conceptos para crear un relato mítico que renueve nuestra percepción de la realidad, tranquilizándonos. Esta ausencia de palabras para describir una realidad aún emergente recibe el nombre de “hipocognición”. El antropólogo Bob Levy explicó el fenómeno con un macabro ejemplo. Descubrió que en Tahití había colectivos humanos que carecían de un relato para entender el dolor. No tenían siquiera una palabra para el concepto. En consecuencia, la tasa de suicidio era llamativamente elevada.
Cualquiera que haya afrontado una crisis cuya solución sea forzosamente colectiva conoce la importancia de encontrar un relato de renovación compartido. Un relato de renovación robusto inspira optimismo y confianza y ayuda a explicar con claridad los objetivos a cumplir, la estrategia y nuestra visión de futuro. Por supuesto no surge ex nihilo y de manera inmediata. Aparece poco a poco con la ayuda y creatividad de todo el colectivo social. Acuñamos metáforas que nos ayudan a entender la nueva realidad comparándola con la anterior. Aparecen arquetipos que nos dan ejemplos de comportamiento. Creamos nuevos mitos o desempolvamos mitos olvidados, que de pronto se cargan de significado. Inventamos ritos que nos hacen comulgar, escenificar y celebrar en comunidad el nuevo relato inspirador.

Obama, el mago del “storytelling”, el arte de crear y contar relatos, está buscando inspiradores relatos de renovación para salir de la crisis. El líder, que ya comienza a hablar de “Un nuevo amanecer” para EE.UU., ha pedido a los estadounidenses que le cuenten sus historias personales, enviándolas al sitio de Internet http://www.change.gov. En ese material narrativo buscará los mitos, ritos, arquetipos y metáforas para construir el necesario relato renovador.

Como decía Border Deal, la humanidad necesita sus animales extraños, sus mitos y leyendas y cuentos antiguos, de modo que el hombre pueda exteriorizar sus temores y combatirlos con su valor y su esperanza. Porque el hombre es el más extraño de todos los animales.

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Antonio Núñez: Malia Obama y los relatos optimistas

Artículo publicado en ABC 5.9.08

Exponer nuestras ideas y motivar a equipos lastrados por el pesimismo exige un esfuerzo cada día más heroico. Cualquier audiencia, jefe o compañero tiene las emociones más a flor de piel que nunca. La hipercrítica y el escepticismo reinantes nos invitan a cometer diversos errores de comunicación.

Al preparar nuestra presentación, intervención o discurso, la pregunta que más nos angustia responder es “¿cuán optimista o pesimista debe ser mi mensaje?” El miedo a pasarnos o quedarnos cortos, que está perjudicando a tantos políticos y directivos de empresa, hace que nuestra respuesta más habitual sea la fatídica: “Me limitaré a comunicar los hechos”. El desaguisado estará servido.

Atenazados por el miedo a equivocarnos de tono, preparamos y disparamos una “aséptica” batería de cifras, datos, argumentos y estadísticas que se convertirá ipso facto en polución ambiental religiosamente ignorada por nuestra audiencia. Como mucho, conseguiremos acrecentar el desasosiego de los pocos héroes que decidan prestarnos atención. Y ni nuestras ideas encontrarán eco ni motivarán a nadie. Sólo lograrán retroalimentar la hipercrítica y el escepticismo de nuestra audiencia, al no conectar con la tonalidad de su forma de ver la realidad.

Si tienes algo que decir, ¡será mejor que lo cuentes!

Durante esta campaña presidencial estadounidense marcada por la crisis, Obama visita colegios explicando su plan para el polémico sistema educativo del país. Su “storytelling”, o arte de crear y contar relatos, se puso en marcha en Michigan al narrar el primer día de colegio de su hija Malia, de diez años. A su vuelta, un Obama expectante pregunta a su adorada hija qué hay de nuevo este año en la escuela. La niña responde con una única palabra: “Chicos”. “Sinceramente, no era la palabra que esperaba oír”, apostilla Obama con una preocupada sonrisa que precede a sus ideas sobre los retos de la convivencia de sexos, razas y religiones en la escuela estadounidense.

El carácter lúdico de los relatos contribuye a superar el escepticismo y la saturación de nuestra audiencia, sobre todo si nos atrevemos a contar un relato personal, como Obama. Las emociones contenidas en un relato logran abrirse camino en medio de la avalancha de cifras y argumentos que nos inunda, haciendo que aprehendamos su sentido de una manera más rápida y profunda que los mensajes asépticamente informativos. Un buen relato capta nuestros cinco sentidos, nos brinda texturas, sonidos, aromas, colores y sabores. Un relato es altamente pedagógico y favorece la síntesis y el recuerdo porque proporciona un contexto a nuestro mensaje.

Pero lo que lo hace más eficaz al relato como herramienta de comunicación en épocas de crisis es que nos ayuda a encontrar el grado justo de optimismo sin alimentar la hipercrítica: cada miembro de nuestra audiencia sacará sus propias conclusiones y lo interpretará con su propio grado de optimismo o pesimismo.

Con la crisis, las estadísticas son como los títulos de créditos de las películas, les prestamos atención sólo si primero nos emociona el relato.

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